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ENTREVISTA A DANIELA MÁRQUEZ

ENTREVISTA A DANIELA MÁRQUEZ

Daniela Márquez nació en Santiago, periodista y comunicadora social de la Universidad Diego Portales, escritora de literatura juvenil, ingresó a «zona de contacto» del Mercurio en la década de los 90′ donde fue tallerista de Iván Valenzuela, Alberto Fuguet y Sergio Gómez. A publicado varios libros, entre ellos: «Si tú me miras» (2008), «Si tú me escuchas» (2013), «Sin recreo» (2011) y «Sin azúcar» (2014). Siempre muy ligada al tema del fomento de la lectura en jóvenes, ha llevado a cabo varios talleres para ellos, tanto en colegios como de forma particular.

Tuvimos el honor en esta oportunidad de conversar con ella unos minutos y poder conocerla un poco más, lo que fue escribir «Si tú me miras», y un popurrí de sus obras, más el adelanto de una sorpresa muy especial, que de seguro los entusiasmará.

¿Cuál es su método al momento de sentarse a escribir sobre un tema?

Lo primero que hago, antes de sentarme a escribir, pienso y decido sobre qué voy a escribir. Elijo un tema. Por ejemplo, en «Si tú me miras», la novela que está editada con Editorial Planeta, yo decidí hablar sobre adolescencia en general, con todo lo que eso involucra: los cambios físicos, los cambios sociales, los cambios emocionales, los cambios hormonales. Entonces dije: «okey, ¿cómo voy a contar esta historia?» Entonces tomé decisiones antes de partir. Ya, voy hacer una historia de amor, ¿quién va a contar esta historia? La va a contar ella, entonces decidí que la contara la protagonista, y al poco andar, cuando ya estaba por terminarla, dije: «no, esta la va a contar él, no, esto lo van a contar los dos». Entonces decidí contar la historia dos veces, primero contada por ella, y el mismo año, las mismas cosas, después contadas por él. Entonces, antes de sentarme a escribir la parte de él, decidí cómo iba a ser él, armé el perfil en mi cabeza, y ahí me puse a escribir.

¿Cómo fue escribir del lado de un varón?

Fue terrible, porque no sé, no soy hombre. Por suerte en esos años yo tenía mucho contacto con buenos amigos lectores, y les pedía que me fueran leyendo los capítulos. Me decían: «pero cómo se te ocurre, te pegaste en la cabeza, los hombres no hacemos esto, no pensamos esto, no tenemos estas actitudes, jamás nos tiramos en una cama y escuchamos lento para pensar en una mina», y ahí tuve que empezar a darme cuenta que tenía que sacarme a la mujer que soy de la cabeza y plantarme como un hombre que nunca he sido y que nunca seré. Fue un ejercicio muy difícil, tuve que borrar capítulos enteros y hacerlos de nuevo.

¿Aparte de esos amigos lectores tuvo algún asesoramiento en los temas?

No. En esta novela no, porque no tocaba temas tan profundos. Pero, por ejemplo, en «Sin Azúcar», una novela que se publicó con Zig-Zag, esa novela habla de la diabetes infanto-juvenil. Yo no soy diabética, no tengo ningún pariente diabético, no conozco a nadie diabético. Entonces, lo que tuve que hacer fue asesorarme, ir a la Fundación de Diabetes que hay en Santiago, buscar amigos de mis amigos que fueran diabéticos insulina dependientes para, en el fondo, juntarme con ellos, entrevistarlos, porque ahí me sirve ser periodista, y poder entender qué significa una crisis, cómo viven el pinchazo todos los días, la inyección todos los días, cuánto te independizas de tus pares para poder hacerlo, cuánto te limita. Entonces, esa novela, por ejemplo, parte con un pijama party, la invitación a uno. Nuestra protagonista, que se llama Ema es insulinodependiente, y hasta ese minuto la mamá se ha hecho cargo de ella. Entonces tiene esta emancipación, esta necesidad de ser libre y de automedirse, de autoinyectarse, cómo vivir ese tránsito, un tránsito muy complejo. Finalmente, esa historia tiene un monton de otras cosas, lo logra.

Es un tema muy difícil

Dificil. Lo mismo me pasó con el bullying. Escribí otra novela que se llama «Sin recreo», que trata sobre el bullying, y cómo yo puedo armar perfiles que sean creíbles, cómo hago que cierto personaje sea víctima, cómo hago que cierto personaje sea victimario, ¿qué tiene que tener ese personaje para ser víctima? Y yo no lo sé. Entonces tuve que entrevistarme con psicólogos, con psiquiatras e investigar.

Porque uno, supongo, escribe desde los dos lados, y debe ser difícil ponerse en dos «bandos» diferentes

Claro, en ese caso era muy complejo victimar y ser la víctima.

Lo otro que estaba viendo, es que en «Si tu me miras» se toca el tema de la bulimia

La anorexia. La prima de Catalina tiene anorexia que es, en el fondo, si tu lo piensas, en la adolescencia se gatillan todos los trastornos mentales, los más importantes se empiezan a gatillar en la adolescencia, a veces silenciosamente, sin que nadie se de cuenta. Entonces, en este caso, esta prima, empieza a manifestar un trastorno alimentario, que es un trastorno mental, y que, finalmente, desencadenó en una anorexia que su prima Catalina advierte, y se lo muestra al resto de la familia.

Al principio en la historia sale que la mejor amiga crece, sufre los cambios, se empieza a alejar de ella, y como que Catalina se siente un poco aparte. Catalina al parecer tiene una mirada diferente al resto.

Sí, es como más madura. Pero también tiene todas sus inseguridades que tienen que ver con su desarrollo físico, porque ella, finalmente, termina el año sin que a ella le llegue la menstruación, lo que le implica a ella no tener ningún desarrollo, no tener pechugas, no poder usar sostén, que son temas que la insegurisan, que también son muy propias de la edad, porque a esa edad no todos se desarrollan al mismo tiempo. Eso es una herencia genética que muchas veces los niños no cachan. Resulta que en un curso dos niñas de la misma edad se desarrollan en tiempo y velocidades muy distintas, y eso, a la que anda más lenta, la pone muy insegura, o al que anda más lento lo pone muy inseguro. Se da muchas veces, y hoy día lo vi en todos los colegios que estuve hoy día, estuve en tres colegios, que en un mismo curso hay un niño de 1.20, y un niño del 1.80. Ese niño de 1.20 no tiene ningún pelo, no cambia la voz, y el niño de 1.80 ya se afeita, tiene pelos en todas partes, habla ya como más hombre, y tienen la misma edad. Entonces, ese chico que todavía no se ha desarrollado, que no se ha pegado el estirón, que no tiene ningún pelo, se inseguriza. Y nadie le dice: «mi amor, no te preocupes, a tu papá el estirón le llegó a los 18, así que el tuyo va a ser más tarde, pero igual.

Como si se olvidaran de lo que fue… le restan importancia. ¿Cómo fue volver a recordar temas propios que pasaban en esa época

Lo que pasa es que yo que estoy mayor, me doy cuenta que uno nunca deja de ser adolescente. Es como cuando revelas las fotografías, imprimes las fotos en tu casa, nosotros enseñamos a imprimir fotos, y yo me acuerdo que hay un líquido que tu metes el papel que se llama fijador, tu lo pones la cantidad de segundos que quieres que se quede el papel ahí, hasta que se fija la imagen con los contrastes que a ti te gustan, y después lo tienes que sacar. Yo siento que uno en la adolescencia tiene ese fijador, y el resto de la vida simplemente tu cuerpo envejece pero, en el fondo, todos llevamos un adolescente adentro. Ese adolescente que ahora tiene que actuar como adulto, tomar decisiones de adulto, hacerse cargo de hijos, hacerse cargo de la pega, pero en el fondo, yo estoy convencida que son todos adolescentes, por lo tanto, no me cuesta nada ponerme en lugar de un adolescente.

Estaba viendo que ya habían salido en el 2008, 2013 las novelas. ¿A qué se debía la re-edición?

Las primeras cuatro novelas las publiqué con Editorial Norma, y Norma cerró en Chile. Nos devolvieron los contratos, a todos los escritores, en el fondo, lo que devolvieron fue la libertad de poder ahora publicar con otra editorial. Para que no me volviera a pasar lo mismo, de perder las cuatro novelas de un paraguaso, con toda la presión de los colegios pidiéndome dónde poder comprar novelas que ya no se estaban publicando, que no se estaban imprimiendo. Planeta me ofreció publicar dos, Zig-Zag, las dos me ofrecieron publicar mis obras, y yo decidí dividirlas para que no me volviera a pasar lo mismo. Le dejé dos a Zig Zag, y dos a Planeta. La re-edición tiene que ver con que se cambió de editorial. Ese era el momento de actualizarla, de reeditar porque, por ejemplo, yo hago novelas muy actuales, entonces, hace once años atrás en la tele, el chico que estaba de vacaciones veía el Matinal de Chile en TVN, y veía a Felipe Camiroaga, hoy día los niños de esta edad no saben quién fue Felipe Camiroaga, y él está muerto. Entonces necesitan actualizaciones. En esa época los niños escuchaban música en mp3, hoy día se escucha spotify. Entonces, si quiero que los chicos se identifiquen con los personajes, y con la historia para poder engancharse con la lectura, tengo que ir actualizándola.

Entonces igual hay cambios en estas ediciones

Hay cambios, y en tres años más van haber cambios nuevos, porque la tecnología va marcando el cambio, y los referentes del contexto histórico. Si mañana hubiera una guerra en este país yo no podría no hablar de ella, porque va a marcar el contexto histórico. Si viniera un terremoto, y en ese terremoto se cayera el Cerro Santa Lucia en Santiago, yo tendría que hablar de eso, porque cambia el contexto. Y si yo quiero que los lectores se sigan identificando con esa historia, y la sigan sintiendo propia, que está escrita para ellos, tengo que ir con el tiempo, si no queda obsoleta muy rápido.

Lo otro, ya como última cosa… ¿se vienen nuevos proyectos para los próximos meses?

Estoy escribiendo la tercera parte de «Si tu me miras», ya la empecé a escribir, y lo más chistoso de esto es que un día me desperté pensando en que no había mejor idea que metiera a los personajes de las otras novelas en esta novela. Que ella, Catalina o Gabriel, se encuentren o se crucen en una heladería, se crucen con los personajes de otras novelas. Así que, el que ha leído toda mi obra va a entrar en éxtasis. Es como otorgarle un bonus track, sólo el que ha leído todo se va a dar cuenta, el que no, puede leerla perfectamente igual, no le va a sonar, pero tampoco lo va a distorsionar en su lectura, pero para los que se han leído todo es un guiño al lector que si ha leído toda mi obra.

About The Author

Yalile Amal Sifri Schade

Pertenezco a la casa de Ravenclaw, fanática del juego Guild Wars 2, y también me pueden ver persiguiendo Pokémons por las recónditas calles de Conce, mis energías para hacer todo esto proceden del café y el té exclusivamente. Allonsy!!

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